martes, 9 de diciembre de 2014
¿Jugamos al escondite?
Cuentan que hace muchísimos años se reunieron algunos sentimientos y
algunas cualidades del ser humano. Cuando el Aburrimiento bostezaba por
tercera vez, la Locura propuso: "-¡Vamos a jugar a las escondidas!" La
Intriga se levantó extrañada y la Curiosidad, sin poder contenerse
preguntó: "-¿A las escondidas?, ¿Y eso cómo es?". "Es un juego en donde
yo me tapo la cara y comienzo a contar desde el uno al cien, mientras
ustedes se esconden. Cuando termine de contar los buscaré hasta que los
encuentre", explicó la Locura. El Entusiasmo bailó contento y la
Alegría dio tantos saltos que terminó de convencer a la Duda e, incluso a
la Indiferencia, a la que nunca le interesaba nada. Pero no todos
quisieron participar. La Verdad prefirió no esconderse. ¿Para qué, si
siempre la encontraban? La Soberbia pensó que era un juego muy tonto
pero, lo que le molestaba era que la idea no había salido de ella. Y la
Cobardía prefirió no arriesgarse. La Locura rápidamente comenzó a
contar. La primera en esconderse fue la Pereza que, como siempre se dejó
caer en la primera piedra que encontró. La Envidia se fue detrás del
Triunfo, quién con su propio esfuerzo había logrado subir a la copa del
árbol más alto. La Generosidad casi no alcanzaba a esconderse, pues cada
sitio le parecía maravilloso para alguno de sus amigos y se los cedía.
Por fin, después de pensar primero en todos, terminó ocultándose en un
rayito de sol. El Egoísmo en cambio, encontró un sitio muy bueno desde
el principio, sólo para él. La Mentira se escondió detrás de un arcoiris
y la Pasión y el Deseo entre unos volcanes. Cuando la Locura ya casi
terminaba de contar, el Amor aún no había encontrado un sitio para
esconderse, pues todo ya estaba ocupado. Hasta que al fin vio un rosal y
decidió esconderse entre sus flores. -"¡Cien!", dijo la Locura y
comenzó a buscar... La primera en aparecer fue la Pereza, que estaba
solo a tres pasos. A la Pasión y el Deseo los sintió en el vibrar de los
volcanes. En un descuido encontró a la Envidia y claro, también al
Triunfo. Al Egoísmo no tuvo que ni buscarlo, pues él solito salió de su
escondite, que resultó ser un nido de avispas. La Locura, de tanto
caminar, sintió sed y al acercarse al lago, descubrió a la Belleza.
Encontrar a la Duda fue mucho más fácil, ya que halló sentada aún sin
poder decidir a dónde se iba a esconder. Así fue encontrando a todos.
Pero solo el Amor no aparecía por ningún lado. Entonces, buscó detrás de
cada árbol, bajo cada arroyo de la tierra, en las cimas de las montañas
y, cuando estaba por darse por vencida, vio el rosal. Tomó una pequeña
vara y comenzó a mover fuertemente las ramas. De pronto, escuchó un
doloroso grito, porque las espinas habían herido los ojos del Amor. La
Locura no sabía qué hacer para disculparse, así que lloró, rogó,
imploró, pidió perdón y hasta prometió acompañarlo para siempre. Desde
entonces, se dice que el Amor es ciego y va guiado siempre por la
Locura.
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