lunes, 16 de febrero de 2015
Quien eres?
Lo que leerá acontinuación no es la típica historia, tampoco una
historia basada en un hecho real, es solo una historia de dos personas
que existen o existieron. Un mundo paralelo podríamos decir, otra
dimensión de ellos, quizás se conozcan desde siempre o quizás nunca lo
harán. Desperté queriendo volver a dormir, ni la más mínima energía
sentía mi cuerpo, como si tuviera dos sacos con cemento encima de mis
hombros. Me levanté, me duché, me vestí con una ropa que hace tiempo no
usaba, así era todos los días, pero éste fue distinto. Salí a la calle
con mi mochila, no sabía donde iba, solo caminé con un cigarro en la
mano observando el cielo que se encontraba nublado. Llegué al terminal y
tomé un bus y viajé donde el bus llegara, solo compré el boleto y no
miré nada, subí y ahí estaba... viajando, observando los paisajes que me
alejaban de mis raíces. Llegué a Valparaíso, no fue un viaje muy
largo, solo me tomó 1 hora y media. Caminé fuera del terminal, no sabía
donde ir, solo caminé y ahí lo vi, era extraño me parecía conocido, como
si lo hubiese visto antes, un chico de pelo alborotado y ojos de agua
quizás, no me fijé. Seguí mi camino, tenía que pasar junto a él ya que
nos encontrábamos a unos metros de distancia. Al pasar éste me observó
con la misma cara que lo miré yo por primera vez, como queriendo decir:
"¿te conozco?", "¿nos conocemos?", yo solo lo miré 1 segundo y seguí mi
camino, intenté mirarlo como miraría a cualquier persona en la calle,
sin embargo al darme vuelta éste ya no estaba, simplemente desapareció
mientras yo seguía pensando si acaso alguna vez lo vi. Tomé un taxi
camino a Viña del mar, le dije que me dejara en la playa, amo la playa.
Al bajarme llegó a mi una brisa de desintoxicación, me limpio y los
sacos de cemento que sentía en mis hombros... desaparecieron. Caminaba
por la arena mirando hacia el mar, viendo esos caballos corriendo hacia
mí mientras se desvanecían al llegar a mis pies descalzos y blancos,
eran feroces y a la vez sumisos, eran la completa libertad. Pero sentí
una mirada que hizo que girara hacia atrás, era él de nuevo, el chico.
Quedé totalmente impactada al notar que estaba ahí observándome, tengo
que decir que sentí hasta miedo de que fuese un psicópata. Inmóvil, así
estábamos, mirándonos sin decir nada, ni siquiera hicimos un gesto,
nada, solo mi corazón latía rápido y el de él por la expresión de su
rostro estaba totalmente calmado, como si mirara a una conocida. Bajé la
vista después de los minutos, volví a mirar y de nuevo éste
desapareció. Comencé a pensar que alucinada, que era un personaje que
había creado mi imaginación por la soledad que sentía, ¿pero por qué
creía conocerlo?. Me fui de la playa y me senté en una banca pensando en
éste gran enigma propio de mi mente. De reojo vi que alguien se sentó
al lado mío, vi unos zapatos y pantalones negros, era un hombre, estaba
mascando chicle mientras leía el diario, yo seguí sentada ahí y no le di
mayor importancia hasta que dijo una frase que me llamó la atención:
"Los fantasmas no existen, ellos habitan en nuestra mente, ellos hacen
de nosotros unos esclavos". Yo solo escuché, ni siquiera lo miré, hice
como si no me importara. Levanté mi vista hacia los estacionamientos y
estaba él de nuevo, el chico. Pensé de inmediato en pararme e ir a
hablarle pero... ¿qué podría decirle?, luego pensé en la frase del señor
que se fue después de terminar su frase y me levanté y fui directo
hacia él. El chico estaba esperándome, como si supiese que me iba a
acercar a él, apenas llegué me tomó de la cara y me dijo: "¿acaso no me
recuerdas?", yo lo miré impactada y le dije: No, sé que te conozco de
alguna parte pero no sé quien eres, pensé que estaba totalmente loca
pero tu también lo notaste", le dije, como si sus palabras fuesen un
consuelo. Me miró con calma, sereno como si hubiese escuchado una
confesión salir de mis labios, me dio la mano y caminamos hacia un
paradero, no sé el por qué pero lo acepté, me sentí protegida. Nos
sentamos y al momento de sentarnos llega un auto negro con un hombre de
barba, canoso, de aspecto bondadoso, era el chofer, él solo me miró a
mi. Subimos al auto, el chofer me hizo una pregunta que me dejó atónita,
"¿Usted mijita hasta cuándo va a seguir enamorada?", no sabía que
responder ya que no lo estaba, solo le dije: "¿disculpe?", me miró por
el espejo retrovisor con pena -eso pues mijita, hace años que ya pasó,
se terminará muriendo y su alma lo seguirá amando-, no sabía que
decir... solo le pedí que me explicara de qué estaba hablando. Entonces
comenzó a contarme con un tono de tristeza y un tanto incómodo -Usted
llegó hace 3 años aquí porque su novio se suicidó, se conocían desde
pequeños y eran mejores amigos, después se volvieron novios, eso me
contaba siempre usted en el jardín cuando la sacaban a tomar aire los
enfermeros-. En ese momento me quise bajar de inmediato, comencé a
recordar todo, él era el chofer del hospital psiquiátrico donde estaba
internada pero no me acordaba de nada más, de verdad estoy loca, todo
estaba en mi cabeza. - Siempre se escapa-, interrumpió, -Quedó tan mal
después de su muerte que se olvidó hasta de usted misma, siempre hace
ésto, uno le cuenta, recuerda y luego vuelve a olvidar, como si su
cerebro no quisiera escuchar la verdad, de lo único que no se olvidó fue
de que siempre fumaban juntos, viajaban e iban a la playa donde se
dieron su primer beso, eso usted nunca lo ha olvidado y cada vez que se
escapa siempre sé donde encontrarla porque una vez usted me dijo: "si me
tuviese que escapar para sentirme libre me escaparía ahí, donde sus
labios encontraron los míos por primera vez"-.
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